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Competir o cooperar

 




Noviembre 2001
   
 
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¿COMPETIR O COOPERAR?  
Prof. Mariano Giraldes

Hace poco tiempo atrás asistí a un Congreso cuyo título era "La salud y el tiempo libre en la escuela". Entre otros, disertó Jorge Bucay, psicoanalista y escritor reconocido. En el momento de las preguntas, le pedí su opinión sobre una frase que se escucha con frecuencia. Reza así:
" A mí no me gusta perder ni jugando a la bolita".
La respuesta fue la siguiente: La vida no es ganar y perder. Algunos podrán vivir de acuerdo a eso, pero siempre es posible bajarse de ese criterio. Siempre es posible cooperar en vez de competir. También es posible que algunos se aprovechen de que uno se corra de esa manera de vivir, pero ese hecho no va a ser fácil de solucionar".

Esa respuesta decidió el tema de esta nota editorial: analizar los alcances de competir y cooperar. Y luego, profundizando más, tratar de precisar si ambos son posibles simultáneamente. El análisis puede ser útil porque ambos términos tienen que ver no sólo con la Educación Física y el Deporte, sino que involucra todos los ámbitos de la realidad social.

Para el deporte, hoy, lo importante es competir. Pero de lo que se trata es de salir primero, lo que vale es ganar la competencia, diría el pragmatismo de los entrenadores norteamericanos. Esta postura encuentra disidentes, sobretodo en los sectores ligados a la educación..

Estas críticas de los sectores pedagógicos no suelen considerar algunos aspectos tales como:

1. Hay personas a quienes, perder, les resulta insoportable. Y las concepciones teóricas de la pedagogía no cambian este hecho.
2. Las preocupaciones éticas o de salud y seguridad, no parecen significar ningún obstáculo cuando de lograr FAMA Y ÉXITO SE TRATA. Así lo demuestra una encuesta realizada en 1995, a casi 2000 aspirantes a atletas olímpicos norteamericanos. Se les preguntó si tomarían una sustancia prohibida que les garantizara la victoria en cada competencia durante cinco años, pero les causara la muerte después de ese tiempo. MÁS DE LA MITAD CONTESTÓ AFIRMATIVAMENTE.
3. Los pediatras informan constantemente acerca de la presión que ejercen sobre ellos los padres, para que les receten a sus hijos la hormona humana del crecimiento, de manera de que crezcan más altos y atléticos en función de ese desarrollo puedan dedicarse al deporte con mayor suceso.

Hace millones de años atrás, El Barón Pierre de Coubertin decía algo bien distinto. Soñaba con que "lo importante es participar". No tenía manera de saber que de un siglo después, las distintas concepciones sobre el deporte entrarían en colisión. Hoy la contradicción es clara: por un lado aparece el deseo compulsivo de romper límites deportivos, porque se supone que ese intento es útil para el hombre y por otro, surge la necesidad de establecer límites morales imprescindibles. Este problema de las tendencias contrapuestas se agrava en culturas que hacen un culto a la autonomía del cuerpo. Porque ese derecho, al ejercitarse puede afectar al otro. Que quiere participar, pero que no está dispuesto a utilizar métodos ilícitos, por ejemplo, una terapia genética. Un ejemplo de ella es el gen de la hormona eritropoyetina humana (EPO); producida por los riñones, la EPO regula la producción de los glóbulos rojos. Como mejora la capacidad de transporte de oxígeno, se cree que se utiliza para los deportes de resistencia, como el ciclismo o las carreras de distancia.


¿ Cuál es la posición de la Educación Física ante estas discusiones?

La Educación Física refleja estas contradicciones y también mantiene entre ambos términos- competir y cooperar- una notoria ambivalencia. En general, entre nosotros, se dice privilegiar el compartir y cooperar. Sin embargo, la práctica muestra que en casi toda competencia colegial, los equipos se arman con los mejores. Y los mejores- ya se sabe- solo excepcionalmente han aprendido sus habilidades deportivas en el ámbito de la escuela. Aparece con claridad el doble discurso que consiste en expresar ciertos valores- sobretodo en las reuniones con docentes de otras especialidades, y no actuar en consecuencia. Los profesores de Educación Física, frecuentemente:

  • Buscamos el triunfo de nuestro equipo a cualquier costo.
  • Aceptamos seleccionar, clasificar y eliminar a los menos aptos.
  • Olvidamos que si la competencia es formativa, todos deben tener acceso a ella.

    De acuerdo a lo expresado hasta aquí parecería que:
  • Existe un discurso pedagógico predominante que supone que competir no es cooperar. Que afirma que una cosa es incompatible con la otra. Sin embargo, en la práctica, se vislumbra con claridad que ese discurso pedagógico se respeta sólo de la boca para afuera.
  • También hay una realidad que se vive en el deporte de rendimiento: donde lo más importante es el resultado de la competencia, la marca, el momento sublime del récord.

Puede suponerse, entonces, que existe un desajuste entre las concepciones teóricas de la Educación Física y del Deporte. Es decir que hablamos de un desajuste entre las concepciones teóricas de la filosofía y la realidad social.

Es cierto que existen ciertas diferencias entre la Educación, la Educación Física y el Deporte eran claras. A saber:

  • El Deporte alienta la superstición, (muchos deportistas no entran a la cancha sin cumplir ciertos rituales): la educación la destruye.
  • Los deportes necesitan de la excelencia, la educación acepta la mediocridad hasta sus últimos límites. En todo caso, propone comenzar desde donde se está y llegar hasta dónde se pueda.
  • Las personas se identifican con los deportistas. En cambio, no existen héroes en la Educación Física.
  • El Deporte premia la ambición, la educación desafortunadamente (sobretodo en los últimos años) la rechaza y la trata con sospecha.
  • Es razonable suponer que el deporte enseña a reconocer límites, pero esto no se observa con frecuencia. En cambio, ese aprendizaje es insoslayable en el mundo de la Educación Física.
  • El deporte es emoción, riesgos, lesiones, reconocimiento por el triunfo y se transforma, casi siempre, en competencia contra los otros y contra el otro. La Educación Física es emoción controlada, los menores riesgos, la menor cantidad posible de lesiones, aprender a perder y a ser competente con uno mismo.

Es preocupante encontrar la falta de discernimiento en el interés creciente por el triunfo y un desprecio por los valores y las normas. Y aunque el paradigma moral que caracterizó a la Educación Física ha perdido vigencia, educar también implica ayudar a desarrollar actitudes valiosas. Por eso, el sistema axiomático.

¿ Es posible competir y cooperar o son términos excluyentes?

Analizar si es posible competir y cooperar depende de la concepción del hombre y de la Sociedad . En mi opinión es perfectamente posible combinarlas, siempre que:

  • Se entienda que, en función de esas concepciones, se le atribuirá distintos significados y sentidos tanto a una palabra como a la otra. La práctica que surja de esos diferentes sentidos y significados, será otra.

Reflexionar sobre estos temas, significa pensar también sobre los valores mencionados. En torno a ellos considero que una persona puede valorar ciertas cosas que para otros son deleznables. Es por eso que la elección de determinados valores supone una concepción de lo deseable. Además, los valores siempre han estado en crisis. El hombre siempre construye otras, alternativas.

Los profesores Dora Franchina y Hugo Guinguis, expresan que " cooperar es obrar conjuntamente con otras personas a fin de alcanzar un fin común". Lo que implica ponerse de acuerdo con el otro y emprender una acción con un objetivo compartido. Imposible negar la importancia formativa de desarrollar esta capacidad.

En cuanto al concepto y sentido de competir y de la competencia, lo primero que quiero decirles es que el inmenso desafío pedagógico que afrontamos es lograr que haya competitividad, sin que se rompan los lazos solidarios. Pero tampoco se puede imaginar una sociedad en la que las personas más aptas no dispongan de mecanismos para destacarse. Sin duda, el Deporte, en su variante competitiva de máximo nivel, con toda la espectacularidad que demuestra, puede ser uno de esos caminos. Desde ese punto de vista hay que darle la bienvenida a la confrontación en búsqueda de la excelencia.

Asimismo existen otros caminos de búsqueda de la trascendencia y la perfección: el arte, la ciencia, la religión, la filosofía y todos los territorios en que se manifiesta la cultura humana.

En su libro "El malestar en la cultura", Sigmund Freud dice: " El problema consiste en cómo desarraigar el máximo obstáculo que se opone a ella: la inclinación constitucional de los seres humanos a agredirse unos a otros".
El Deporte y el Juego, en cualquier ámbito, posibilitan la exteriorización de esa agresividad con una excusa socialmente válida. Pero cuando esa agresividad es exacerbada por un contexto cultural que la legitima como un valor y la incentiva con cánticos y frases que estimulan "el poner lo que hay que poner", es fácil que surja la violencia. Inclusive, puede decirse que es casi lógico que surja, dado que el circunstancial adversario es el que está impidie la consecución del placer. ¿ Cuál es ese placer? Ganar el juego. Desde esa comprensión, la competencia, al menos debe ser encauzada.

La monumental tarea que le corresponde a los maestros del cuerpo, aun a aquellos que se desempeñan en ámbitos deportivos profesionalizados, consiste en comprender que tal como lo expresa Cagigal, "El carácter competitivo del Deporte es el condicionante básico de la espectacularidad. Y esta espectacularidad lo ha llevado a su impresionante éxito social". " Pero en la sociedad en la que vivimos, desmesuradamente competitiva, tal ingrediente tiende a convertirse en un elemento absorbente y casi único, en su desproporcionado centro". La competencia en el deporte contemporáneo es como una embriaguez necesaria y, con su incremento sensacionalista, ebriedad permanente".

Después de haber comprendido las diferencias que establece José María Cagigal con la metáfora de la embriaguez y la ebriedad, creemos necesario actuar estableciendo límites y diferenciando. Porque cuando esa ebriedad permanente se traslada al Deporte como práctica social o al Deporte en la escuela, eso límites se tornan imprescindibles. Si los partidos de fútbol de solteros contra casados terminan demasiadas veces a las patadas o es frecuente observar que los profesores de Educación Física arengan a sus noveles jugadores, como si los estuviese mandando a la guerra, hay que ponerse a pensar que el intento por integrar a las actividades físicas como parte de la cultura, ha fracasado.

Por eso, todo programa cultural, también uno que se proponga actuar desde lo corporal, debe oponerse a la pulsión agresiva natural de los seres humanos que se patentiza, tal como lo dijimos, en la hostilidad de uno contra todos y de todos contra uno.

¿ Esto significa que, en realidad, no hay competencia posible?

Si, hay competencias posibles, razonables, formativas. La competencia entendida como lucha, puede basarse en dos concepciones distintas:

1. La que se interesa por el cuerpo del hombre en pro de su mejor rendimiento.
2. Las que se interesa por el hombre, actuando con su cuerpo y a través de él, para formarlo y constituirlo como tal.

Si expresamos con otras palabras esas dos concepciones podría decirse que:

  • La primera privilegia superar al otro. Ese otro es un "adversario a vencer".
  • La segunda elige confraternizar, superarse personalmente, buscar una inalcanzable perfección, ser competente con uno mismo.

Esta segunda concepción podría ser tildada de utópica. Recientemente pudimos observar por televisión un ejemplo que lo demuestra. En el super- competitivo Tour de Francia, Armstrong, el ciclista norteamericano, iba en busca de su tercer título consecutivo. Otro ciclista alemán era su principal adversario. En una de las etapas especialmente reñidas- con nada definido todavía- pedaleaban "cabeza a cabeza", luchando por cada metro de ventaja. El alemán, en una mala maniobra se cae y rueda fuera de la carretera: Armstrong se detiene, retorna, lo asiste y solamente reinicia su marcha cuando su rival también lo hace.

¿ Qué habrá pensado?
Seguramente que su grandeza debía demostrarla, tal como después lo hizo, no sólo por sus méritos deportivos, sino por ser capaz de probarse a sí mismo que no le hacía falta utilizar una ventaja circunstancial. Armstrong ya había vencido la enfermedad del cáncer. Ahora fue capaz de darle una lección a los super profesionalizados deportistas del mundo y a todos aquellos que no comprenden que en el Deporte y en la vida siempre el enfrentamiento es- esencialmente- con uno mismo. Ese contrincante debería ser considerado más como un compañero que actúa desde un lugar distinto. Porque él es el que me posibilita probarme, está inmerso en la misma situación que yo y cuanto más valor tenga, cuanto más denodadamente luche por ganar la competencia, cuanto más habilidad demuestre, más me permitirá medirme y enfrentar mis límites.

El valor agregado del Deporte
Uno de los valores agregados que ofrece el Deporte es que puede servir como "simulación" de la vida. Es útil como experiencia ideal de aprendizaje porque faculta, por ejemplo, para que uno experimente situaciones en las cuales los logros son menores que las expectativas, sin sufrir las consecuencias graves que pueden tener en la realidad cotidiana.

Esto no significa que el practicante de Deportes no deba ejercitar su capacidad de frustración. Cuando se pierde, uno se enfrenta a ella. Porque, aprender solamente a ganar, también es una forma de perder. Esa lección puede ser aprendida. Y si puede ser aprendida, puede ser enseñada.

Jugar bien o ganar el partido
Por último, incluyo otra aproximación probablemente polémica: no habría que confundir jugar bien el juego o tener una buena actuación en la competencia, con el ganar el partido. Lo que sucede es que el Deporte, comprendido en el sentido convencional, significa competitividad y búsqueda de resultados. Y estos últimos siempre fueron considerados tan trascendentes como para no poder separarlos de la experiencia vital que significa "jugar el Deporte". De esa manera se ha ido aceptando que lo valioso, en definitiva, es el resultado del encuentro.
El salir bien es lo que va a otorgarle al jugador una satisfacción especial, que seguramente para algunos será mucho mayor en la medida que exista un espectador ante el cual mostrarse. Al jugar bien se gana aunque se haya perdido la competencia. Es que se ha sido competente. En ese sentido, no hace falta derrotar al oponente para ganar en una generalización absurda. Sin duda, es un concepto difícil de trasmitir pero vale la pena hacerlo: que perdiendo en el resultado se puede ganar y tener éxito.

¿ Por qué es tan difícil de trasmitir?
Porque el concepto de ganar guarda una estrecha relación con el prestigio y el honor para todo el grupo al cual pertenece el ganador. Es decir que el éxito logrado por el individuo o el equipo, se traslada al grupo o al país. Por eso el fanatismo de las hinchadas que se advierte no sólo en los deportes populares como el fútbol, sino también en el rúgby y el tenis.

Como final...

Perdidas las esperanzas en el progreso permanente de las sociedades, es muy posible que tengamos que conformarnos con la idea de construir un mundo posible. Para ello, habrá que abandonar un modo de comportamiento agresivo, basado en la supervivencia de los más aptos. Aptitud que se canaliza a través de una despiadada competencia comercial, religiosa, deportiva o política y marchar hacia una cultura más cooperativa, que no descarte la apasionada búsqueda por ser competente en diversos territorios, pero que permita la supervivencia de todos. Probablemente no haya urgencia mayor que la necesidad de crear un mundo más justo sin apelar para ello a la violencia. El problema a resolver es decidir qué imagen de lo humano moldeará nuestro pensamiento, nuestra inventiva y nuestra creatividad en un futuro cercano. De acuerdo a cómo se conciba, el deporte y las actividades físicas podrán ser una ayuda excelente en esa tarea.

Mariano Giraldes
   
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